COVID-19 en México: 4 puntos clave de los que nadie habla. Comparto.

COVID-19 en México: 4 puntos clave de los que nadie habla.
Tomado de Twitter.  Espero que la información les sea interesante. Gracias.

COVID-19 en México: 4 puntos clave de los que nadie habla.

Xavier Tello

Xavier Tello

Healthcare consultant • Health policy analyst & advisor • Pharma & Biotech communication expert • Speaker • Op-ed writer

COVID-19 no es influenza ¿Por qué le seguimos tratando como igual?

En el inicio de la pandemia, existió la tendencia a hablar del nuevo coronavirus como una analogía de la influenza; concretamente de la pandemia de AH1N1 en el 2009. Era natural dada la poca información disponible:

  • El virus apareció en el invierno boreal coexistiendo con el brote estacional la influenza y tomo un patrón de pandemia de forma rápida
  • Es un virus con manifestaciones primarias respiratorias
  • Podía ser confundido sintomatológicamente con influenza

Tal vez es por ello que en México se decidió dar seguimiento como un padecimiento análogo a la influenza, tanto que se adoptó el modelo epidemiológico “centinela” para darle una medición indirecta ante la gran falta de pruebas diagnósticas.

Si bien el error metodológico de esto ya quedó demostrado y reconocido, con el consecuente subdiagnóstico y el desconocimiento de la “cifra negra”, aún queda una tendencia a hablar de COVID-19 como una especie de influenza. Además, en 2009, México fue el primer país en detectar y responder a la pandemia de H1N1 y es de donde parte seguramente la mayor parte de la experiencia epidemiológica utilizada en esta ocasión.

Debemos de una buena vez, dejar de comparar COVID-19 con H1N1. COVID-19 ha demostrado tener una fisiopatología sui-generis, una historia natural distinta y evidentemente un patrón epidemiológico diferente.

Este es un virus más peligroso que AH1N1 ya que al día de hoy no contamos con un tratamiento efectivo y seguro y estamos muy lejos de una vacuna.

2.- Los supuestos iniciales, quedaron superados

Como resultado seguramente de esta comparación inicial con la influenza, se asumieron varios puntos que lamentablemente se dieron como ciertos, pero que hoy sabemos no tienen evidencia sólida y que probablemente retrasaron la respuesta adecuada al problema en México y en el mundo.

Aclaremos los más importantes:

I.- El virus no desaparecerá al final de la “temporada de frío”

Seguramente porque los primeros pacientes emergieron en invierno y por ser un coronavirus, el SARS CoV2 se pensó como otro virus respiratorio que desaparecería “con el calor”. Desde Donald Trump hasta autoridades sanitarias en México, los estimados de enfermedad se dieron con esa supuesta temporalidad.

Así, se pasaron por alto algunos detalles como que la influenza ya no es un padecimiento de temporadas frías, sino que cada año se extiende más. Además, los contagios provenientes de diferentes latitudes la hacen presente todo el año en casi todo el planeta.

En México tuvimos por cierto, los meses de febrero y marzo más cálidos de la historia. Abril, en pleno despegue del número de casos reportados ha sido particularmente cálido y seco.

II.- El escenario de una inmunidad masiva se ve lejano

El supuesto en el que la infección subclínica sería nuestra aliada en una gran inmunidad producto de un contagio masivo, proviene la comparación obvia a las infecciones por otros coronavirus y la influenza estacional. De hecho, hace algunas semanas escuchamos propuestas absurdas como las “COVID parties” en donde se propone acudir para contagiarse y quedar inmune, como lo hacían con la varicela la mamás de los años 50s y 60s. El mismo Subsecretario de Salud de México llegó a decir que era mejor que el Presidente (de 66 años) se contagiara para que quedara inmune.

Hoy en día se ha cuestionado la inmunidad post-infección, con dos complicaciones potenciales a mediano plazo:

  • El tener futuros “pasaportes por inmunidad” será muy complicado (según la OMS)
  • Cada vez hay más casos de pacientes que presentan infección tras ser dados de alta

Es mucho lo que se desconoce de este virus así como de su perfil inmunitario, por lo que no se sabe a ciencia cierta si los pacientes se reinfectan o el virus permanece latente en el organismo. De cualquier manera, no podemos contar al 100% con la inmunidad de ellos como efecto protector del resto de la población.

3.- Tardaremos mucho en ser vacunados

En la carrera para la obtención de una vacuna, son ya varias las empresas especializadas, con la intervención de científicos, universidades y gobiernos, que han comenzado desde hace más de 4 semanas sus protocolos de investigación. Los escenarios teóricos nos dicen que en 12 a 18 meses podríamos tener lista una vacuna, si todo sale bien. Lo que no nos han dicho esos escenarios, son las complicaciones que representará tener una vacuna disponible.

I.- Se requieren -tal vez- 5,000 millones de dosis en el mundo

Si asumimos que la población mayor de 25 años en el planeta es susceptible de enfermarse y sin la seguridad de una inmunidad en los pacientes dados de alta, el número de dosis requeridas es impresionante.

La capacidad instalada actual para fabricación de vacunas, ronda en el orden de las 400 millones de dosis al año.

II.- Habrá que contar con un “roll out” de acuerdo a poblaciones de riesgo

Con una cantidad tan grande de vacunas por aplicarse, se deberá de tener un plan muy específico para vacunar a la población. Poblaciones de gran concentración vs grandes núcleos urbanos; incidencia de la enfermedad, condiciones sanitarias, etc.

Al momento de comenzar a vacunar, seguramente se comenzaría con los ancianos y los profesionales de la salud. Posteriormente con los adultos con factores de riesgo, para seguir con los adultos comunes y finalmente las poblaciones jóvenes de bajo riesgo.

Si en el mundo se aplicaran 2 millones de dosis diarias, tardaríamos 2,500 días para alcanzar 5,000 millones de dosis. Si quisiéramos vacunar a todos en un solo año, deberíamos ser capaces de administrar 13 millones de dosis diarias en el planeta. Una labor titánica para la fabricación, distribución, logística de administración e insumos correlacionados.

Este sería el mayor esfuerzo mundial simultáneo para una sola vacuna desde las campañas mundiales contra la viruela.

Una vez más, al día de hoy, el gran desconocimiento que tenemos sobre el perfil inmunológico del COVID-19 nos impide elaborar un pronóstico para una inmunidad de rebaño, más allá de simples supuestos matemáticos. En estos modelos, no se toman tampoco en cuenta eventuales mutaciones del virus o el porcentaje de eficacia que tuviera la vacuna contra las cepas existentes, como en el caso -precisamente- de la influenza.

III.- Vivir sin vacuna es posible… (casi)

A 35 años de la pandemia de HIV-SIDA, aún no contamos con una vacuna. En este camino, hemos aprendido a sortear la enfermedad con dos armas: La protección y educación. Afortunadamente, los tratamientos modernos han logrado convertir al SIDA, de un padecimiento mortal a una enfermedad crónica controlada.

El problema con COVID-19 es que, a diferencia del HIV, su transmisión puede darse sin contacto directo, transfusión o conductas de alto riesgo. El que un paciente asintomático estornude, tosa, respire, hable o las microgotas de saliva toquen una superficie, puede contagiarnos si no tenemos las precauciones de seguridad adecuadas.

En este momento contamos solamente con el distanciamiento social y las medidas de higiene y protección personal para defendernos.

4.- No hay “cuando acabe la epidemia”

Este es quizá una de las frases más repetidas por el presidente de la República; y se entiende por qué.

La presión política y económica es enorme y la reactivación económica se ha vuelto una urgencia. En este contexto, se han establecido ya fechas “oficiales” preliminares para el fin del confinamiento a finales de mayo y principios de junio. En cada uno de estos casos se habla de “cuando acabe la epidemia” o “cuando haya pasado la epidemia”. Sin embargo, hay un problema: La epidemia no pasará. Como ya lo hemos dicho, mientras no haya un tratamiento efectivo o una vacuna, la infección está presente en la población.

¿Cómo podemos tener a 30 o 40 niños apretados en un salón de clases de 48 metros cuadrados o incrementar de nuevo la carga de pasajeros en el transporte público?

Una vez más, conocemos poco sobre el patrón inmunológico de COVID-19, por lo que no sabemos si una vez en descenso los contagios y con la gente en las calles, se presentarán segundas o terceras oleadas y qué tan agresivas serán estas.

Mientras no exista una inmunidad aceptable, todos seremos susceptibles a contagio y con esto en mente, será necesario pensar en nuevas medidas de comportamiento en todos los aspectos de la vida cotidiana.

El COVID-19 cambiará la forma en que entenderemos:

  • El trabajo diario
  • El transporte público
  • La educación
  • Las comunicaciones
  • El comercio
  • Los espectáculos

Sobre este tema, hace unos días di una charla en un Facebook Live para FUNSALUD.

Es difícil decirlo y más complicado aceptarlo, pero estamos frente a una pandemia con características y dimensiones no previstas y para la cual pocos en el planeta estaban preparados.

Es mejor ser conscientes de cada uno de estos aspectos con el fin de crear estrategias a tiempo y planes de acción apropiados.

Publicado por

Xavier Tello

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